Amigos serán amigos, cuando estés harto de la vida
- Mariano Colly

- 11 dic 2020
- 3 Min. de lectura

El título remite a un fragmento de la canción Friends Will Be Friends, la compusieron un tal Freddie Mercury y John Deacon. Uno cantaba y el otro tocaba el bajo en una banda llamada Queen. Yo la conocí en 1990. Todavía no había cumplido 10 años. Por supuesto que en esa época no sabía de la existencia de la banda británica. Solía escucharla en un disco de vinilo que tenía mi primo Gustavo en su casa y era un compilado de alguna radio como Rock & Pop.
En ese disco estaba el tema de “Amigos son los amigos”. El valor histórico de esa pieza musical no estaba agregado en mi razonamiento. Reitero, para mí Friends Will Be Friends era la canción de “Amigos son los amigos”. Debe haber sido el primer programa de televisión que miré con verdadera pasión. Y si bien era un niño, la imagen de Carlín Cantoni me cautivaba. Componía un canchero y un vago que trabajaba poco en la empresa de fletes de su papá y se mandaba mil cagadas. Además en esas décadas se reiteraba hasta el hartazgo la idea de que para ser un ganador en la vida había que tener éxito con las mujeres, un concepto patriarcal en desuso pero con el que nos criamos. Carlín era un mujeriego empedernido pero que en el fondo tuvo dos grandes amores: Cris (Cris Morena) y Carolina (Katja Alemann).
Tuve la suerte de ir al teatro a verlo. Era la primera vez que pisaba una sala. Lo recuerdo patente. Fuimos con mi mamá, mis primos y mi tía Alicia. Viajamos en tren hasta Retiro y desde ahí caminamos algunas cuadras hasta la Avenida Corrientes. Para mí fueron muchísimas. Con el tiempo supe que no eran tantas. De por sí cuando sos chico todo te parece inmenso. Una amplificación que le gana la batalla al tiempo y a la revisión de los recuerdos. De hecho el programa duró 3 años, dos en Telefe y un en Canal 9 pero para ese entonces ya no lo miraba porque en el fondo sentía que la esencia se había modificado. Esos dos años iniciales, en perspectiva, para mi fueron una década completa.
La vida me llevó a conocer ese ídolo de la infancia. El encuentro fue corto pero no por eso menor. Se produjo en 2006, él estaba en Canal 9 en una sitcom que producía el hijo de Palito Ortega, Sebastián. Se llamaba "Amo de casa". Yo, en tanto, daba mis primeros pasos en el periodismo en una revista dominical del Diario Crónica. Le propuse la nota al editor de aquel entonces, Carlos Ventura. “¡Buscalo!”, me contestó. Tuvo que pasar por el circuito de prensa y prometer una tapa que después se concretó. Llegué al set de grabación con el fotógrafo del diario, vimos algunas escenas y se tomaron algunas imágenes. A diferencia de otros colegas no anotaba lo que veía en el back. Lo procesaba. Me lo acordaba. Cuando me sentaba a escribir la entrevista rescataba algunos flashes de mi mente. Era mi forma de hacer el trabajo. Terminaron de grabar una escena donde también estaba la China Suárez que era una niña y la jefa de prensa del canal me dijo: “Esperalo en el bar de la esquina”. Pasaron los minutos y lo vi venir. Carlín no era el mismo que había visto hacía décadas en un teatro y que caminaba el escenario con una inusitada destreza. Este hombre que iba a entrevistar venía de sufrir una enfermedad cerebrovascular y medio cuerpo lo llevaba casi al arrastre. Su asistente me lo presentó. “¿Querés tomar algo?”, me dijo. Yo tenía un hambre que galopaba mis tripas pero mi timidez pudo más. “Ya comí, gracias”, le respondí. Hablamos más de una hora. Recorrimos toda su carrera. Él se tomó un vaso largo de Fernet con Coca Cola. Quizá fueron dos. Ya era padre de Facundo y Abril así que intenté pegarle debajo del ombligo para que me regale un título emotivo de esa etapa de la vida. Tenía que justificarle a Carlitos la tapa que había ido a buscar. Sobre el final de la charla, ya risueños, le conté que cuando tenía 10 años lo vi actuar por primera vez en el Teatro Ópera. Se emocionó. Bueno, eso creo. Hoy, Carlín, el macho del pirulín, se fue al cielo. Con él, como con la muerte de Diego Maradona, otro pedazo de infancia se apaga. No tengo más que palabras de agradecimiento por iluminarla, Carlos. Como escribió el gran Alejandro Lerner en la cortina musical de otro gran programa que encabezaste, “RRDT”: “Se fueron los aplausos y algunos recuerdos. Y el eco de la gloria duerme en un placar”. Descansa en paz.
Por Mariano Colly



Comentarios